Separa zonas de público y de trabajo

Identifica recepción, salas, despachos, pasillos y espacios de atención. Para cada área, anota quién la utiliza y cuándo está disponible. Una zona de paso intenso puede necesitar una revisión diferente de una sala que apenas se usa.

Da una ficha propia a aseos y office

Enumera superficies y elementos incluidos sin asumir que todos admiten el mismo tratamiento. Identifica consumibles y reposiciones como partidas separadas. La limpieza de un espacio no presupone que también se suministre material.

Relaciona superficies y tareas

Distingue pavimentos, mobiliario, cristales y textiles. Anota las indicaciones del fabricante o restricciones conocidas. Los tratamientos especiales deben valorarse; no se deducen del nombre general de una zona.

Marca accesos y exclusiones

Archivos, cuartos técnicos y dependencias restringidas necesitan autorización. Define quién prepara el espacio y qué elementos no deben moverse. No mezcles limpieza con mantenimiento de instalaciones, revisión de equipos o retirada de documentación.

Convierte el inventario en un plan revisable

Asocia a cada zona las tareas y la periodicidad acordadas. Añade un campo para incidencias de acceso y necesidades nuevas. Revisa la distribución si cambia la actividad del edificio, sin multiplicar servicios que no respondan a una necesidad concreta.

Si necesitas valorar una intervención, consulta la ficha de limpieza de locales en madrid y concreta las tareas y condiciones de tu espacio.